domingo, 14 de diciembre de 2008

MI CONFRONTACIÓN CON LA DOCENCIA

MI CONFRONTACION CON LA DOCENCIA
Mi carrera inicial fue la de Ingeniero en Desarrollo Rural, debido a que me llamaba la atención las actividades agropecuarias, pero antes, al terminar la secundaria mis papás me insistieron que ingresara a la Escuela Normal de Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo, ya que varios de mis compañeros lo hicieron, y yo decía: no voy porque no me llama ser maestro por lo que ingresé al CETA No. 14 de Tizimín, Yuc., posteriormente estudié la carrera mencionada al inicio en el ITA No. 19 de la misma ciudad.
Mi carrera profesional se inició en el programa de Educación No Formal de la DGETA, se puede decir que fueron mis “pininos” sobre la docencia, pues impartía cursos de temas agropecuarios a los productores, en 1985 este programa se integra a los CETA’s e ITA´s, y me comisionaron para impartir la materia Metodología Agropecuaria a los alumnos de primer semestre, desde ese entonces empecé de manera formal mi labor docente. En el área de matemáticas me inicié, en 1990 más o menos, cuando la maestra de matemáticas sufrió un accidente, entonces el director del plantel me llamó y me pidió entrar a los grupos “nomás para que los alumnos no se escaparan”, pero solicité el programa, revisé mis apuntes, investigué y “me preparé” para impartir Álgebra y desde ese entonces me asignan grupos para impartir matemáticas
Sin embargo, afirmar “me preparé” es un decir, puesto que hasta ahora me sigo preparando, he tomado cursos de didáctica y de pedagogía, de computación, y terminé una maestría; y lo seguiré haciendo. Ser profesor considero que es una carrera que se estudia y que se vive al estarlo ejerciendo, ya que de otro modo uno no logra los objetivos propuestos, que es el de lograr que los alumnos aprendan, que se formen de manera integral, que desarrollen sus valores y aptitudes, etc. Por otro lado, siento que es una responsabilidad muy grande, puesto que somos ejemplo para muchos alumnos tanto en lo profesional como en lo personal, esto exige que debamos estar actualizados en nuestra asignatura y en información general para poder entablar una relación de confianza con ellos. Confianza que es necesaria para conocer los antecedentes culturales y académicos de nuestros alumnos, sus metas, sus anhelos, etc., para trabajar con ellos.
Ser profesor de jóvenes adolescentes, pienso que es más difícil que ser de niños de kínder o de primaria (no lo he experimentado), pues los adolescentes son más inquietos y lo manifiestan de manera oral o con sus comportamientos, se les podrían considerar “rebeldes” y para lograr salir adelante en este tipo de conductas requiere que también utilicemos los profesores nuestro sentido común como padres de familia, como orientadores, como consejeros y otros calificativos positivos o negativos que nos ganamos.
Ser profesor de bachillerato proporciona satisfacciones debido a que los adolescentes al ser más conscientes se acuerdan de sus experiencias en el plantel, entre ellas voy a mencionar algunas: cuando terminan su carrera o cuando ya se encuentran casad@s al saludar o presentar a su espos@s dicen “fue mi maestro de matemáticas”, “¿se acuerda cuando me exigía y yo no quería hacer mi tarea?”, “gracias a que usted me dijo…”, cuando te piden ser padrino del grupo “porque con usted nos llevamos bien, nos tenemos confianza”, en el sistema abierto (SAETA) personas ya grandes (algunas con hijos en bachillerato) terminan una carrera al encontrarlos comentan “gracias maestro” termine mi licenciatura en …” y otros comentarios. Claro que no todas las experiencias son agradable, existen algunas que a veces nos causan desaliento o desánimo, como por ejemplo: en mi plantel todavía usamos pizarra verde con gis, el material didáctico que el maestro quiera usar corre a su cuenta, las salas de cómputo siempre están ocupadas no es posible usar software para impartir clases de matemáticas; respecto a los alumnos puedo decir, que algunos son muy inquietos y contagian a algunos más para armar relajo o no hacer sus trabajo por lo que reprueban por más consejos o asesorías que se les proporcione, también en algunos casos existen alumnos con mucha indiferencia hacia el estudio. Por otro lado, en lo personal en algunas ocasiones se me presenta la apatía por diversas causas (para preparar mis clases, para hacer mis planeaciones, para revisar los trabajos, etc), pero al final hago mi trabajo de docente lo mejor posible usando los recursos que estén a mi alcance, en algunas ocasiones se presentan problemas de tipo familiar o económico en alumnos que realmente le echan ganas al estudio y no esta a mi alcance la solución.
Estos comentarios sobre mi trabajo docente refleja en gran medida que ser maestro en nuestro nivel vale la pena, se puede observar que hay más satisfacciones que insatisfacciones, pero no debemos quedarnos rezagados; así como este curso en el que estamos participando existen otras actividades que son oportunidades para mejorar nuestro trabajo.

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